DECLARACIÓN BLASFEMA Y HERÉTICA DE 1987, REALIZADA POR JUAN PABLO II:

     

                                                                                                                     

CARTA ENCÍCLICA SOLLICITUDO REI SOCIALIS  (1987)

 

DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II

 

A LOS OBISPOS, A LOS SACERDOTES, A LAS FAMILIAS RELIGIOSAS,

A LOS HIJOS E HIJAS DE LA IGLESIA, ASÍ COMO A TODOS LOS HOMBRES

DE BUENA VOLUNTAD, AL CUMPLIRSE EL VIGÉSIMO ANIVERSARIO

DE LA POPULORUM PROGRESSIO.

Venerables Hermanos,
amadísimos Hijos e Hijas:
salud y Bendición Apostólica

 

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32. La obligación de empeñarse por el desarrollo de los pueblos no es un deber solamente individual, ni mucho menos individualista, como si se pudiera conseguir con los esfuerzos aislados de cada uno. Es un imperativo para todos y cada uno de los hombres y mujeres, para las sociedades y las naciones, en particular para la Iglesia católica y para las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, con las que estamos plenamente dispuestos a colaborar en este campo. En este sentido, así como nosotros los católicos invitamos a los hermanos separados a participar en nuestras iniciativas, del mismo modo nos declaramos dispuestos a colaborar en las suyas, aceptando las invitaciones que nos han dirigido. En esta búsqueda del desarrollo integral del hombre podemos hacer mucho también con los creyentes de las otras religiones, como en realidad ya se está haciendo en diversos lugares. En efecto, la cooperación al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre es un deber de todos para con todos y, al mismo tiempo, debe ser común a las cuatro partes del mundo: Este y Oeste, Norte y Sur; 

 

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47.

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A quienes comparten con nosotros la herencia de Abrahán, «nuestro padre en la fe» (cf. Rom 4,11 s), y la tradición del Antiguo Testamento, es decir, los Judíos; y a quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los Musulmanes, dirijo igualmente este llamado, que hago extensivo, también, a todos los seguidores de las grandes religiones del mundo.

El encuentro del 27 de septiembre del año pasado en Asís, ciudad de San Francisco, para orar y comprometernos por la paz —cada uno en fidelidad a la propia profesión religiosa— nos ha revelado a todos hasta qué punto la paz y, su necesaria condición, el desarrollo de «todo el hombre y de todos los hombres», son una cuestión también religiosa, y cómo la plena realización de ambos depende de la fidelidad a nuestra vocación de hombres y mujeres creyentes. Porque depende ante todo de Dios.

 

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 30 de diciembre del año 1987, décimo de mi Pontificado.

IOANNES PAULUS PP. II